martes, 31 de agosto de 2010

Ricardo Luque - El filósofo-rey de Platón

El filósofo-rey de Platón

César Ricardo Luque Santana

Platón es sin duda uno de los más grandes filósofos de la Antigüedad y de todas las épocas. Floreció en la era de Pericles (s. IV a. C.), el gran estadista que hizo de Atenas el ombligo cultural del mundo antiguo.

Se dice que el nombre de Platón era Aristocles, y que Platón era un apodo por sus anchas espaldas. La referencia de esto último procede del historiador Diógenes Laercio (del siglo III d. C.), quien recopiló datos biográficos y anecdóticos de muchos pensadores antiguos, mismos que se encuentran en su obra: “Vida, Opiniones y sentencias de filósofos ilustres”. Si bien, muchos datos que él ofrece lindan en la leyenda (siendo por ende poco confiables), son a veces la única referencia existente.

Platón procedía de una familia aristocrática. Se dice que su abuelo fue el último rey de Ática y también que era su pariente Solón, uno de los Siete Sabios de Grecia y autor de unas leyes que propiciaron la transición de Atenas de la monarquía a la democracia, gracias esto último paradójicamente a un tirano llamado Pisístrato.

El padrastro de Platón era amigo de Pericles, pero Platón fue enemigo de la democracia ateniense por tres razones: por su origen aristocrático, por considerar que la democracia deviene en demagogia porque permite que los ineptos y corruptos que halagan al pueblo pueden ser dirigentes pese a ser incompetentes e inmorales, y porque culpó a la democracia ateniense de la muerte de Sócrates.

Platón, al igual que Sócrates, decía que para ejercer un oficio se necesita saber y tener pericia en el mismo, y hacia extensiva esta condición al campo de la política. Para gobernar una comunidad se necesitaba en consecuencia poseer sabiduría y moralidad, por ello propone la figura del filósofo-rey o rey-filósofo. Sócrates hablaba al respecto de la areté o virtud, que significa excelencia o perfeccionamiento, aunque la palabra virtud se ha resignificado acotándose al ámbito de la moral. No obstante, en la actualidad persisten los dos significados: se habla de “virtudes” como sinónimo de cualidades morales, pero se entiende por “virtuoso” a quien tiene una destreza sobresaliente en algo, por ejemplo para tocar piano. En su sentido originario, existía la areté del guerrero, del zapatero, del artesano, del navegante, etc. De este modo, la areté política era la del estadista, entendido como una persona con una alta formación intelectual y moral. Esta areté se derivaba a su vez de la areté filosófica, entendida como un proceso de perfeccionamiento del ser humano, de su realización plena como tal, la cual tenía como prototipo la divinidad. El ser humano es asumido como un puente entre las bestias y los dioses. La divinidad es concebida como Razón, de manera que el acercamiento a la divinidad implicaba cultivar el intelecto hacia un discurso de segundo orden o metateoría como la filosofía, al mismo tiempo que implicaba una congruencia con la forma de pensar que se tenía, es decir, una actitud moral elevada, pues ser filósofo no era sólo ejercer una actividad intelectual especial, sino un modo de vida.

La idea del filósofo-rey o rey-filósofo la plasmó Platón en La República, un diálogo muy extenso, pero en Las Leyes, una obra de su etapa tardía, modificó su postura originaria moderando el papel del filósofo en la política a mero consejero del poder, decepcionado seguramente por el proceder de los políticos. Pero estas ideas de una comunidad ideal, no fueron sólo especulaciones, sino que Platón trató de llevarlas a la práctica en Siracusa a donde acudió en tres ocasiones, primero con el tirano Dionisio I o Dioniso el viejo, y luego con su hijo, Dionisio II o Dionisio el joven. El intermediario de Platón para estos menesteres fue Dión, cuñado de Dionisio I y tío de Dionisio II.

A la muerte de Sócrates, Platón -que rondaba los 30 años-, realizó una serie de viajes por el mundo antiguo, tal vez para evitar represalias en su contra, pues sus parientes Cármides y Critias, habían formado parte de los 30 tiranos en un episodio sangriento de Atenas donde este grupo trató de restaurar la monarquía. En la Apología de Sócrates, estos personajes –además de Alcibíades- son vinculados a Sócrates como “prueba” de su influencia perniciosa entre los jóvenes. Ambos hechos (lo de los 30 tiranos y la muerte de Sócrates), orillaron a Platón a guardar distancia emprendiendo unos viajes a Megara, Cirene y Egipto, aunque hay dudas de que Platón haya estado en esta última nación.

Su primera visita a Siracusa ocurrió -según Frederick Copleston-, cuando Platón frisaba los 40 años de edad. Según la historia-leyenda, Platón chocó con el tirano quien en venganza lo vendió como esclavo a una nación que estaba en guerra con Atenas en ese momento. Fue rescatado por un hombre acaudalado y se dice que los amigos de Platón juntaron dinero para pagarle el rescate, pero que él no aceptó el pago, por lo que con ese dinero se compraron los terrenos donde Platón fundó la Academia, la primera universidad del mundo. Luego hizo otros dos viajes con Dionisio II, fracasando nuevamente. En el segundo de ellos (casi 20 años después del primer viaje) se cuenta que tuvo abandonar furtivamente Siracusa para evitar una represalia del tirano, pero volvió unos cuantos años después para tratar de reparar el daño que sufrió su amigo Dión, quien no sólo fue expulsado de su ciudad sino que se les expropiaron sus propiedades, una medida que no solía practicarse. La tercera vez que Platón volvió a Siracusa, fue sólo para intentar recuperar el patrimonio de su amigo Dión, el cual terminó destronando a Dionisio II, aunque para la mala suerte de Platón, su reinado duró poco, muriendo así las esperanzas de Platón de poner en práctica sus ideas políticas.

Aunque Platón pasa por ser un gran metafísico, la política representó para él una preocupación fundamental de su programa filosófico, sin que aspirara personalmente a ocupar cargo público alguno. En este sentido, la filosofía de Platón está atravesada por la política, pues la Academia tenía la finalidad de formar estadistas. Platón vivió 80 años y 50 de ellos fueron de intensa creación intelectual.